11 Diciembre 23

Presencia del gas comenzará a disminuir, pero se necesitará hasta más allá de 2035

Simulaciones apuntan a que tras la salida del carbón, el gas acompañará la transición hacia una matriz 100% renovable.

Con la salida de las centrales a carbón, el espacio que ocupa el gas natural en la matriz energética del país ha crecido de manera importante, representando en lo que va de este año cerca de un 20%.
Un reciente estudio elaborado por Rodrigo Moreno, académico de la Universidad de Chile e investigador del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), y Eduardo Pereira, investigador de SPEC Energy Consulting, analizó el rol de este combustible en la transición energética.


En el caso base estudiado, que va desde 2026 a 2040, el gas natural seguirá jugando un rol importante, pero como acompañamiento a la cada vez mayor presencia renovable.


Por ejemplo, si a la fecha se ha llegado a consumir 15 TWh por año aproximadamente, se estima que llegará a niveles de entre 8 y 10 TWh una vez que el parque de centrales a carbón se encuentre completamente retirado, después de 2035. Al llegar a esta etapa, se esperan emisiones del sector eléctrico del orden de 3 a 5 millones de toneladas de CO2 al año y una participación renovable del 95%, aproximadamente.


En el intertanto, particularmente en torno al 2030, el nivel de utilización del gas podría llegar a niveles mínimos (5 TWh por año), producto de la contribución de centrales carboneras, junto con el ingreso masivo de plantas renovables y almacenamiento.
Eso sí, en el reporte se concluye que el uso del gas natural, si bien irá disminuyendo paulatinamente, conservará una presencia del 5% post 2035, acompañando a un parque renovable que ocupará prácticamente la totalidad de la matriz.


Inversiones


Ante esta situación, el presidente de la Asociación de Gas Natural —entidad que encargó el estudio—, Carlos Cortés, destaca las diversas investigaciones que apuntan a que el gas natural contribuiría a avanzar en el cumplimiento de las metas de reducción de emisiones.


“Lo que vemos es que este mayor aporte del gas puede concretarse sin inversiones en nuevas centrales de generación, si es que hablamos específicamente en la matriz eléctrica. En cambio, sería positivo que la industria cuente con las señales necesarias, en términos del rol que la autoridad defina asignarle al gas natural, para extender la vida útil de muchas de las infraestructuras y centrales que operan con este recurso y, de ser necesario, para la ampliación en la capacidad de regasificación y almacenamiento de GNL existente en el país. Ambas medidas son importantes para que Chile avance en su transición hacia la carbono neutralidad, con pilares muy sólidos en seguridad energética y costo-efectividad”, comenta Cortés.


Rodrigo Moreno, por su parte, lamenta que el debate en Chile respecto al futuro de la matriz se haya polarizado y sostiene que “la discusión se ha planteado en blanco y negro, y no se ve en la escala de grises, porque la verdad es que la discusión tiene más dimensiones, en el sentido en que durante la transición, es decir, mientras no lleguemos a la salida completa de los combustibles fósiles, por razones obvias, el gas va a seguir participando, porque la transición se define así”.


El académico agrega que el nivel de incertidumbre que hay en el mercado eléctrico está produciendo que algunas decisiones se ralenticen o cuestionen. “Como, por ejemplo, el tema de futuros contratos por gas, porque existe la interrogante común ante este escenario, de si el gas es necesario o no (…). Es súper importante que tengamos una visión como país de cuáles son los recursos necesarios para producir electricidad, de forma que quienes tienen que tomar decisiones lo puedan hacer con el menor riesgo posible. Eso es crítico”, asegura.


Moreno agrega que se requiere que desde el Estado se hagan políticas públicas que permitan acotar estos niveles de incertidumbre. “Es importante pronunciarse sobre si vamos a necesitar gas o no vamos a necesitar gas, y que se pongan a invertir de forma más agresiva en otras tecnologías”.


Alza en los costos


Otro de los escenarios estudiados apunta a una de las propuestas que han surgido en el marco del proceso de descarbonización, y que busca acelerar el cierre de las centrales a gas.
De avanzar en esa dirección, el estudio detectó importantes impactos económicos, como, por ejemplo, un aumento de las inversiones del orden de US$ 26 mil millones en tecnologías renovables variables, firmes y almacenamiento, en el período 2030-2035, con el fin de mantener un sistema confiable, acompañado de un impacto acotado en las tarifas de los clientes.


“Evidentemente, si uno evalúa otras soluciones subóptimas, como, por ejemplo, tener 0% de gas, eso va a salir más caro en la cuenta, en lo que nosotros denominamos la tarifa final, que el costo medio de producción de electricidad. Esa alza estaría en un intervalo entre el 2% y 10%, producto de que es necesario hacer inversiones que puedan proveer los servicios que prestaban las plantas a gas en este 5% que sacaste”, detalla Moreno.


En ese sentido, desde la AGN añaden que “si se quisiera retirar forzosa y tempranamente el gas natural para evitar sus emisiones remanentes, habría que sobreinstalar capacidad adicional de energía renovable variable y almacenamiento, y otras tecnologías más costosas, lo cual sería ineficiente”.

Fuente: El Mercurio